¡Más que nutrientes! Alimentando a los genes

Producir XXI, febrero 2021

Avances que permiten seguir progresando en lechería

¡Más que nutrientes! Alimentando a los genes

Ing. Agr. (PhD) Alejandro Palladino

Investigador Adjunto CONICET-UNLZ

Smart Farming Consulting

alepalladino@smart-farming.com.ar

Hoy tenemos herramientas que no sólo nos permiten tener una formulación más precisa de las dietas de las vacas sino que también podemos modificar la forma en que los genes se expresan para lograr mayor producción y eficiencia.

El abordaje clásico de la alimentación animal ha sido desarrollado como una cuestión de balance en el cual los nutrientes contenidos en los alimentos deben cubrir los requerimientos animales, tanto de mantenimiento como de producción. Los avances generados en el área de fisiología animal han permitido mejorar la comprensión de los procesos involucrados en la digestión, absorción y utilización de los nutrientes, mejorando la performance animal tanto desde el punto de vista de aumento de la productividad como de la eficiencia de conversión de los alimentos en producto animal. Sin embargo, existe evidencia que algunos alimentos en particular generan respuestas diferentes a las esperadas o efectos colaterales que no necesariamente pueden explicarse aplicando el modelo conceptual clásico de balance de nutrientes. ¿A qué se deben estas diferencias?

Lo que la Nutrigenómica nos enseña

Cuando hablamos de nutrientes en general nos referimos a moléculas que aportan principalmente energía y nitrógeno en primera instancia, y también minerales y vitaminas de manera más específica. No obstante, desde la aparición de técnicas de biología molecular a nivel de laboratorio, se ha encontrado que determinados nutrientes pueden afectar la expresión de ciertos genes.

Por ejemplo, ciertos ácidos grasos como los omega-3 pueden alterar la expresión de genes relacionados con procesos inflamatorios y afectar de forma directa la salud animal y la reproducción. En este caso específico, el aporte de ácidos grasos omega-3 genera una respuesta animal no sólo por su aporte energético sino también por su capacidad para despertar o dormir ciertos genes en el corto plazo. Este fenómeno está comprendido dentro del área de la nutrigenómica, que estudia el comportamiento de los genes (expresión) en función de la incorporación de ciertos nutrientes dentro de la dieta. Es necesario aclarar en este punto que no solo la alimentación puede cambiar la expresión génica sino también determinados estímulos ambientales como ser las horas de luz o la temperatura ambiente. 

Ejemplo de Nutrigenómica en lechería

Existen múltiples ejemplos de nutrigenómica en lechería. Los más conocidos son los relacionados con el ácido linoleico conjugado (CLA), compuesto cuya presencia es alta tanto en los lípidos del maíz como del grano de soja. El ácido linoleico bajo ciertas condiciones ruminales produce CLA en rumen y este compuesto silencia genes relacionados con la síntesis de grasa butirosa a nivel de glándula mamaria. El resultado final es una leche con un contenido menor de grasa butirosa (hasta un 50% menos).

Este fenómeno se conoce como el “síndrome de baja grasa en leche” y no tiene ningún efecto nocivo sobre la salud animal, al contrario, se asocia a incrementos en el contenido de proteína verdadera y a un mejor balance energético o mayor producción de leche. Esto es así debido a que la grasa butirosa es el componente energético de la leche. Al disminuir su síntesis se genera un ahorro de energía que puede ser utilizado para mayor producción de leche o mejoras en la condición corporal que se traducen por ejemplo en más salud y performance reproductiva.

Efectos permanentes en terneras

Hasta ahora hemos hablado de cambios transitorios en la expresión de genes asociado al consumo de un determinado nutriente. No obstante, existen otro tipo de respuestas de largo plazo, donde la expresión de los genes ante un estímulo ambiental (la nutrición puede entenderse como parte del ambiente) modifica su expresión de forma permanente (de por vida). El ejemplo clásico se da en terneras que consumen altas proporciones de leche durante la crianza, existe cierta evidencia que muestra que estas terneras producen más leche durante su vida productiva y que este fenómeno podría estar explicado por cambios ocurridos a nivel de expresión en la glándula mamaria a edades muy tempranas.

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