La época de calor es muy complicada en el tambo

Producir XXI, agosto 2020

Afecta la producción y la salud animal

La época de calor es muy complicada en el tambo

Juan L. Monge, Jorge Ghiano, Alejandro Palladino.

Smart Farming Consulting

www.smart-farming.com.ar

El estrés por calor es uno de los desafíos más importantes para el tambo. En esta nota vemos la importancia del agua y en otra próxima otros aspectos.

Libertades animales y producción 

Recordemos las 5 libertades de los animales marcadas por la OIE, Organización Mundial de Salud animal, que nos dicen que deben estar libres de: 

1.-Hambre, sed y desnutrición. 

2.-Miedo y angustia, 

3.-Sufrimiento físico y térmico, 

4.-Dolor, enfermedad y lesiones 

5.-Todo lo que pueda impedir el comportamiento natural. 

Se puede ver que más de una de ellas se podrán ver afectadas o resentidas por el efecto del estrés por calor.

Este estrés se produce debido al esfuerzo metabólico que debe realizar el organismo para adaptarse a condiciones ambientales que exceden su capacidad de regulación básica. Dicho de otra forma, el estrés se produce cuando el animal debe hacer un esfuerzo extra para mantener parámetros fisiológicos normales. 

Índice de humedad y temperatura (ITH)

El estrés calórico se evalúa a partir del índice de humedad y temperatura (ITH) que establece rangos en los cuales el animal se encuentra en confort o estrés. Los valores por encima del umbral se manifiestan principalmente en la época estival durante los meses de diciembre, enero y febrero. Valores superiores de ITH, comienzan a manifestarse en algunas regiones a partir de la primavera, pudiendo extenderse hasta mediados del otoño. 

A modo de ejemplo, para el último año en la zona de Villa María, Córdoba (Figura 1), a partir del mes de septiembre, inclusive agosto comienzan a registrarse horas del día con niveles de ITH por encima del umbral de 68, a partir del cual se considera que los animales empiezan a salir de su zona de confort. 

A medida que se acerca el verano, el problema se acentúa, ya que las horas de estrés por día son cada vez más. Esta situación se intensifica cuando el ambiente no revierte el ITH por debajo del umbral (<68) por la noche o madrugada y se genera lo que se denomina una “ola de calor”, o sea días consecutivos donde el ITH se mantiene por encima de 68. Esto se puede observar en el siguiente gráfico de los últimos 4 veranos para Villa María, donde cada barra roja indica un día donde el ITH no estuvo nunca por debajo del umbral. Los sectores del gráfico que muestran barras rojas más gruesas representan una sucesión de días con 24 horas por encima del umbral. Los momentos más críticos de los últimos 4 veranos han sido febrero de 2017 y 2019 con 7 y 11 días consecutivos por encima de 68 respectivamente.

Bajo estas condiciones los animales ven dificultada su termorregulación y esto afecta su comportamiento, pudiendo reducir el consumo y por ende la producción, como principales efectos negativos.

Problema manejable, soluciones concretas

El manejo del estrés calórico no sólo trae beneficios desde el punto de vista de la producción, sino que atenúa los efectos que este tiene sobre la salud de los animales y su bienestar general. Trabajos de investigación recientes han demostrado que gran parte de los detrimentos de la producción en vacas lecheras sufriendo estrés térmico están relacionados con una baja capacidad de respuesta inmune y procesos inflamatorios asociados.

Los animales estresados deben aumentar el flujo de sangre hacia la periferia y consecuentemente esto provoca un mal funcionamiento del sistema digestivo a nivel intestinal. En estas condiciones el tejido intestinal se ve afectado y puede ser atacado fácilmente por bacterias que viven en él. 

Este proceso dispara una respuesta inflamatoria que trae como consecuencia un aumento del gasto energético para combatir la infección. Esta energía extra se resta de la utilizada para producción. Actualmente sabemos que más del 50% de la reducción de la producción se debe a cambios hormonales asociados a la necesidad de respuesta del sistema inmune (aumento de los niveles de insulina y disminución de la resistencia insulínica para derivar glucosa a tejidos periféricos y células del sistema inmune) mientras que el resto de la pérdida es atribuible a cambios en el consumo. 

Menor consumo y muy desparejo

Por otra parte, bajo estas condiciones de estrés el consumo de materia seca disminuye pero además se torna variable. Esto aumenta el riesgo de acidosis, el incremento del flujo de almidón al intestino, y por lo tanto, mayor potencial de pérdida de integridad del epitelio. En conclusión, controlar el estrés calórico es sin dudas una vía válida para mejorar la inmunidad del rodeo y bajar la incidencia de enfermedades que muchas veces no logramos explicar su origen. 

El jadeo y/o respiración acelerada permanente de una vaca son claros indicadores del estrés por calor a simple vista, lo cual puede llegar a incrementar sus requerimientos de energía hasta un 25%. Teniendo en cuenta los meses por venir, donde los animales estarán expuestos al estrés calórico, es conveniente comenzar a planificar las estrategias que están al alcance de cada establecimiento para mitigar esta problemática, y lograr mantener el bienestar de los animales, la producción y recuperar con creces la inversión realizada para mitigar el estrés calórico. 

Comencemos por lo básico, el agua de bebida…

El suministro de agua debe ser ilimitada en cantidad y calidad. Desde el punto de vista del animal, se debe considerar los aspectos que influyen sobre los volúmenes de agua que requieren por día, los cuales varían en función de la raza, producción, estado fisiológico, tipo de dieta, entre otros. Pueden llegar en casos de vacas de alta producción a consumos superiores a los 140 litros/VO/día cuando la temperatura ambiente promedia los 30°C (Adams, 1986). Que haya un bebedero en una parcela o en un corral, no es sinónimo de disponibilidad ilimitada para los animales, ya que cada uno debe tener acceso a la cantidad que necesite de agua fresca y de calidad, cuando lo necesite o desee. Si estas condiciones no se cumplen, el animal reducirá el consumo de agua y por ende lo mismo hará con los alimentos…y así bajará la producción. 

Los bebederos y/o piletas, deben estar en buen estado general, con un mantenimiento adecuado para garantizar la disponibilidad permanente. Las malas condiciones, no sólo reducen la disponibilidad de agua sino que favorecen el deterioro de la zona alrededor de los bebederos, produciendo la formación de barro que dificulta el acceso por parte de los animales, sumado al incremento de la suciedad de los mismos. Puede ser que haya poco bebedero por animal y también un bajo caudal que da un llenado lento que no permite la disponibilidad en tiempo y forma . Un buen diseño permite un vaciado y reabastecimiento rápido, esto ofrece mejor higiene y menor temperatura del agua al estar menos tiempo expuesta al ambiente. Otro factor de restricción son los metros o “kilómetros” que los animales deben recorrer desde su lugar de descanso y/o alimentación hasta el lugar de aprovisionamiento de agua cuando las distancias son excesivas. Debemos pensar en “el agua yendo al animal y no al revés”.

Los bebederos móviles permiten incrementar la oferta de agua en lugares donde no se cuenta con instalaciones para ello, estos son una solución que cubre la demanda en momentos puntuales, pero son para una cantidad limitada de animales acorde a la capacidad de transporte de cada unidad, la posibilidad de reabastecimiento y la disponibilidad de mano de obra. 

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