La alfalfa para forraje conservado

Producir XXI, septiembre 2020

La alfalfa para forraje conservado 

Ing Oscar Bertín

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El uso de la alfalfa (Medicago sativa L.) en forma de forraje conservado es la manera más común de aprovechamiento de esta forrajera en el mundo, y el pastoreo como su modo de utilización es casi una excepción propia de Argentina, con más de un siglo de historia.

En los últimos 20-30 años aumentó la demanda de forraje conservado, como rollos de alfalfa o también megafardos, para su utilización en tambos y en menor medida para la producción de carne en los corrales de engorde o feed lot. Con ella se busca cubrir las necesidades de los animales de fibra larga de alta calidad.

Más reciente, en los últimos diez años, se activó la demanda local para exportación de henos: fardos pequeños (20-24 kg) y grandes (450-600 kg) y en menor medida cubos, pellets y harinas que abastecen de modo corriente países como Estados Unidos de Norteamérica, Australia, Canadá, España o Italia. La demanda proviene del lejano oriente: China, Japón, Corea del Sur y de medio oriente: Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y otros.

La información generada por las diferentes redes de evaluación de cultivares de alfalfa, donde se realiza en condiciones de corte y en cultivos puros, sin el efecto animal, permite la evaluación de elevado número de “entradas” y de una manera simple. Esto es de utilidad, para definir el material genético a usar, ya que los dos métodos de extracción del pasto son equivalentes en la modalidad de defoliación y su efecto sobre la planta. De esta forma los datos pueden ser extrapolables a situaciones donde las pasturas son usadas puras y su destino es: fardos, rollos, cubos, pellets o harinas.

Los sistemas intensificados de corte/extracción, donde se retira una alta proporción del pasto producido, como es el caso de los cultivos de esta leguminosa para forraje conservado en forma continua y en los cuales no se devuelven los componentes químicos, generan una remoción de una elevada parte de los mismos, tanto macro como microelementos. Muchas veces de mayor magnitud que los modelos de agricultura continua, sin reposición por medio de la fertilización. Debido a que la cantidad de materia seca (MS) extraída del campo es mayor, entre 10 y 20 ton MS/ha/año, valores posibles de obtener en secano y con riego, y con ella las sustancias minerales que contiene, produce una disminución del carbono orgánico del suelo (COS) e incluso la alteración de algunas variables físicas.

La magnitud de lo extraído, con una producción de 10 ton MS/ha/año, de los principales macronutrientes es: nitrógeno (N)   270 kg/ha, potasio (K) 235 kg/ha, calcio (Ca) 110 kg/ha, magnesio (Mg) 35 kg/ha, fósforo (P) 30 kg/ha y azufre (S) 25 kg/ha. En el caso particular del N una alta proporción, sino la totalidad y aún más, dependiendo del ambiente edafoclimático, se obtienen del aire por la fijación biológica del N (FBN), pero el resto se extraen del suelo.

Pellets de alfalfa, su demanda crece en el mundo.

Si se consideran los micronutrientes, que son obtenidos de la rizósfera en cantidades muchos menores, pero no por ello menos importantes, ya que a mediano o largo plazo deben ser restituidos para mantener la fertilidad. Ellos, para una producción de 10 ton MS/ha/año, son: hierro (Fe) 300-500 gr/ha, boro (B) 250-300 gr/ha; manganeso (Mn) 250 gr/ha, zinc (Zn) 150 gr/ha, cobre (Cu)  70 gr/ha y molibdeno (Mo) hasta 10 gr/ha.

Por lo señalado hasta aquí, los balances de nutrientes deben ser considerados de manera integral en el cálculo de costos, ingresos y resultados económicos para este sistema de producción. No sólo el valor elevado del producto obtenido, si es de alta calidad, de U$D 250-500/tonelada, sino también el costo de la reposición de los elementos removidos. Tanto los que se llevan en altas como en bajas cantidades, para mantener el ambiente edáfico en similares condiciones productivas.

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