Utilización en primavera de las pasturas perennes templadas base gramíneas

Utilización en primavera de las pasturas perennes templadas base gramíneas

ING. AGR. OSCAR BERTÍN

En InForrajes, de Biscayart Forrajeras

Utilización en primavera de las pasturas perennes templadas base gramíneas

Las pasturas perennes mezclas (PP) constituyen uno de los recursos forrajeros de más valor y por lo tanto su valoración y cuidado deben ser máximos, teniendo en cuenta que se espera de ellas una larga vida útil, altamente productiva.

El aspecto más importante es su manejo al inicio de la primavera, tanto en el primer uso como en los ciclos sucesivos, y determinará lo que ocurrirá durante el resto del año, tanto en términos de la acumulación de pasto como de la producción animal.
Lo más frecuente que ocurre es que las PP base gramíneas progresan indefectiblemente hacia estructuras degradadas dominadas por matas altas de bajo valor nutritivo. Esto sucede cuando se las deja crecer libremente, o cuando son sistemáticamente sometidas a períodos relativamente prolongados de subutilización durante la primavera y el verano, en que las plantas florecen abundantemente. Sin embargo, tanto festuca alta como agropiro alargado y sus asociaciones con leguminosas, cuando son adecuadamente manejadas pueden formar recursos productivos y de alto valor alimenticio.

 

Empezar el pastoreo lo antes posible entre fin de invierno y principio de primavera, siempre y cuando haya piso, ni bien se detecta que las tasas de crecimiento se aceleran, tratando que la mayor cantidad posible de los lotes reciban una defoliación severa, durante ese período. Si no se dispone de suficientes animales para llevar a cabo dicho pastoreo se deben destinar los lotes a forrajes conservados, pero evitando que el corte se realice con el cultivo pasado, aunque el contratista forrajero desee demorarlo, para aumentar la eficiencia en el uso de la maquinaria. Estas medidas, denominadas “control temprano de la floración” ayudarán a evitar que las PP se hagan altas y pierdan foliosidad y calidad, así como que posteriormente encañen, formen matas y se raleen.

¡¡Pícaros los macollos inducidos!!
Los macollos que van a florecer, que se denominan inducidos, operan como una barrera para que aparezcan nuevos vegetativos y reprimen a los ya existentes no inducidos, los que no van a florecer, muchos de los cuales finalmente mueren. Este fenómeno se inicia temprano en la primavera, mucho antes de que sea evidente la floración, y es común a todas las gramíneas templadas denominadas otoño-inverno-primaverales, ya que todos los macollos que florecen terminan su ciclo de vida y mueren. El punto es que especies como agropiro alargado, y en menor medida festuca alta, presentan una alta proporción de macollos que potencialmente pueden florecer. El resultado final es previsible, cuando no se realiza un “control temprano de la floración” la densidad poblacional es mucho menor. Los “cortes de limpieza” resuelven sólo parcialmente los inconvenientes que generan las matas fuertes de agropiro alargado y de otras gramíneas, particularmente en cuanto a reducir en alguna medida la superficie de rechazo de los animales en la defoliación subsiguiente. Sin embargo, no son efectivos en cuanto a favorecer la conformación de una PP cespitosa y predominantemente foliosa, debido a que no actúan sobre el origen del problema. Ni siquiera el raigrás perenne está exento de este tipo de cuidado o manejo. Como regla orientativa, se deberá intentar comenzar el pastoreo cuando los tapices vegetales tengan una “biomasa equivalente” a 1.500-1.700 kg/ha de pasto en materia seca (MS) o alrededor de 7 a 10 cm de altura.

Es importante mirar bien en el potrero
El concepto de “biomasa equivalente” es introducido aquí para focalizar la atención exclusivamente en las áreas cubiertas por las especies forrajeras, o sea, las líneas de siembra o los manchones que hayan logrado establecerse exitosamente en el potrero. Ello implica que es sobre esas lugares donde debe controlarse si se alcanzó la disponibilidad o la altura que se haya definido como “estado objetivo” para manejar correctamente las PP. Cumplida la primer vuelta, no habrá demasiado inconveniente en ingresar a los potreros con una disponibilidad equivalente de 2.000-2.500 kg/ha de MS o alrededor de 15-18 cm de altura. Sin embargo, siempre habrá que estar atentos a evitar que las gramíneas encañen. Esta medida fomentará el macollaje y eliminará una alta proporción de los macollos inducidos, favoreciendo la supervivencia y proliferación de los vegetativos, o sea, de los que depende que tengamos una estructura cespitosa, con la mayor densidad poblacional de acuerdo al tipo de suelo y clima de que se trate, y predominantemente foliosa.

Forraje que no se come o corta, se pierde, se descompone
Ninguna planta forrajera acumula pasto en pie de manera indefinida, independientemente que se trate de alfalfa, festuca alta, trébol blanco, raigrás perenne o cualquier otra especie. A modo de ejemplo, si una PP produce una cantidad determinada de forraje, en ésta empezará indefectiblemente la senescencia y se perderá por descomposición en un lapso de 20 a no más de 50 días de acuerdo a las distintas estaciones climáticas en las condiciones de clima templado-húmedo, acrecentándose cuando la temperatura es elevada y es menor cuando hace frío.
El lapso señalado no cambiará mucho, aunque las especies forrajeras crezcan en buenas o malas condiciones de accesibilidad de agua y de fertilidad del suelo. O sea, que ese forraje puede haberse formado en una PP fertilizada y regada, o en una no fertilizada en secano, pero envejecerán y empezarán a morir prácticamente al mismo tiempo, es decir que la muerte del forraje tiene que ver con la suma térmica y menos con las condiciones ambientales como disponibilidad de agua y nutrientes, aunque estos efectos no pueden desconocerse.

La suma térmica es la clave
La razón es simple: los tejidos de las plantas envejecen en función de la temperatura de cada día y no de los días que tardó la PP en producir una cantidad determinada de forraje. A partir de ahí se empieza perder lo acumulado y aproximadamente cuando se hayan sumado entre 300 a 600 ºC, dependiendo de la especie, desde el momento en que el pasto fue producido. En el caso específico de agropiro alargado la suma térmica requerida es de 400-500 ºC, considerando una temperatura base para el crecimiento de 4-5 ºC. Ese lapso indica la capacidad de tiempo que tiene el recurso para acumular pasto vivo en pie. Si el pastoreo se retrasa, todos los días se va a perder una cantidad equivalente a la producida 20 a 50 días atrás. Obviamente el ritmo se desacelerará en los períodos en que el crecimiento este afectado por factores limitantes.

Planificar la rotación es fun-da-men-tal
Cabe destacar, finalmente, que el diseño de cadenas alimenticias que permitan complementar las variaciones estacionales de la oferta de forraje de las pasturas perennes mezclas es una pieza imprescindible para lograr usar de manera eficiente lo producido, como también para hacer frente a las incertidumbres asociadas al clima y dar mayor flexibilidad a los sistemas ganaderos.

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